La meditación es la puerta del amor universal y la expansión de la conciencia hasta límites desconocidos. Nos enseña a permanecer presentes y atentos a cada instante, con un corazón cada vez más abierto y una visión cada vez más clara. Aprendemos a abrirnos al amor, con todo nuestro corazón, sin miedo a expresarlo, y nos conduce a la corriente misma de la vida, a descubrir la libertad y la felicidad internas y a alcanzar una sensación de unidad con todo, porque la separación de la corriente vital es la causa de nuestro descontento más profundo.

La meditación sosiega nuestra mente, abre amablemente nuestro corazón y estabiliza nuestro espíritu. Nos enseña a vivir más plenamente la realidad presente y a ver a las personas con las que convivimos y el mundo en que vivimos con más ecuanimidad.

Porque sin cuidar de ti mismo no será sostenible cuidar a otros. Porque la compasión no es lástima ni indulgencia ni “blandura” hacia ti, sino la clara motivación de cuidarte, cultivando la sensibilidad y apertura hacia tu propio sufrimiento con la intención genuina de intentar aliviarlo y prevenirlo. Porque la compasión es una combinación de asertividad, coraje y fortaleza para estar presente frente al sufrimiento con una base estable y un corazón abierto. Porque la compasión se puede “entrenar” sobre la base de la atención plena o mindfulness.

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